Es el Sacramento del Amor Misericordioso de Dios
PARA UNA BUENA CONFESIÓN
“La persona que sabe confesar la verdad de su culpa y pide perdón a Cristo, acrecienta la propia dignidad humana y da muestras de grandeza espiritual” (San Juan Pablo II)

Para una Buena confesión es necesario:
- 1.- Examen de conciencia: esto es, ponernos ante Dios que nos ama y que quiere ayudarnos. Analizar nuestra vida y abrir nuestro corazón, revisando nuestros actos, pensamientos e intenciones delante de Dios, con toda sinceridad, sin engañarnos.
- 2.- Dolor de los pecados: es sentir un verdadero dolor de haber pecado porque hemos lastimado al que más nos ama, Dios. Y también por haber lastimados a nuestros hermanos, a quienes Dios nos pide que amemos.
- 3.- Propósito de enmienda: es hacer el propósito de no volver a pecar. Si verdaderamente amo, no puedo seguir lastimando a quien amo, a Dios y a mi prójimo. De nada sirve confesarnos si no queremos mejorar. Es verdad que podemos volver a caer por debilidad, pero lo importante es la lucha, el esfuerzo constante por no caer. Y cuando caiga por debilidad, arrepentirse y pedir a Dios su Gracia para no volver a ofenderlo con mis pecados.
- 4.- Decir los pecados al confesor: el Sacerdote es un instrumento de Dios. Hagamos a un lado la “vergüenza” o el “orgullo” y abramos nuestro corazón y nuestra conciencia, para decir lo que sabemos que esta mal y a ofendido a Dios y al prójimo, seguros de que es Dios quien nos escucha y quien nos perdona.
- 5.- Recibir la absolución y Cumplir la Penitencia: es el momento más hermoso, el más valioso para alcanzar nuestra paz interior, para volver a la amistad con Dios y estar en comunión con los demás, es en este momento en el que recibimos el perdón de Dios. La penitencia es un acto sencillo que representa nuestra reparación por la falta que cometemos.
EXAMEN DE CONCIENCIA:
Soberbia : Cuando siempre quieres tener razón y decir la última palabra; Cuando no sabes escuchar y razonar y quieres imponerte; Cuando te “hinchas” porque algo te ha salido bien y hablan bien de ti; Cuando te frena el temor a quedar mal o a no ser estimado; Cuando te sienta mal una corrección o una advertencia o te pones a defenderte; Cuando te crees necesario en cualquier actividad; Cuando hablas mucho de ti mismo; Cuando interrumpes a los demás en la conversación; Cuando te cuesta manifestar tus pecados al confesor; Cuando te cuesta perdonar, o pedir perdón; Cuando eres vanidoso y deseas que te comenten y te aplaudan tus palabras acciones, cualidades, tu buena presencia…; Cuando exageras o mientes para llamar la atención y hacerte interesante; Cuando no sabes aceptarte tal como Dios te ha hecho; Cuando busca honores y “puestos” Cuando te desanimas.
Avaricia: Cuando buscas para ti el mejor lugar, la ocupación más cómoda y dejas siempre lo peor para los demás; Cuando prefieres acaparar y enriquecerte, dejando improductivos tus bienes, que podrían convertirse en beneficios para otros; Cuando el dinero se convierte para ti en lo más importante de la vida y no tienes tiempo para nada más; Cuando el afán de poseer te hace faltar a la justicia, a la verdad, a la honradez, a la fidelidad a la palabra dada; Cuando “cierras tus entrañas” a las necesidades de los otros.
Lujuria: Cuando dejas que en tu cabeza aniden los pensamientos y deseos impuros; Cuando apacientas tus sentidos en todas las cosas indecentes y obscenas que, con tanta facilidad, se te ofrecen en todas partes; Cuando no sabes frenar tu corazón y tus sentimientos desordenados; Cuando no sabes respetar tu cuerpo y el de los demás; Cuando te permites relaciones sexuales antes del matrimonio, o te pones en peligro de ello; Cuando no sabes dejar un libro o una revista pornográfica, un video, una película o una amistad que no te conviene.
Ira: Cuando te dejas llevar del mal genio; Cuando pones mala cara; Cuando haces pagar a otros tu mal humor; Cuando alzas la voz para decir una cosa, advertir o corregir; Cuando chillas y pierdes el control de lo que dices; Cuando te impacientas; Cuando discutes, en vez de dialogar; Cuando injurias de palabra y de obra a los que te rodean.
Gula: Cuando comes o bebes a deshoras o por gusto; Cuando no quieres una comida porque no te apetece; Cuando abusas de la comida y de la bebida, tomándola no conforme a la necesidad, si no al gusto; Cuando tomas para ti la mejor parte.
Envidia: Cuando sientes envidia de las cualidades de otros; o de lo que tienen, o de lo que llevan, o de como les han salido las cosas, o porque los aprecian más que a ti; Cundo te duelen los éxitos de los demás o te alegras de sus fracasos; Cuando te entristece que hablen bien de otros; Cuando murmuras de los demás para quedar mejor que ellos; Cuando es la envidia de quien dirige tus actuaciones con los demás (competir en el vestido, celular, casa, vehículo…; o reacciones de venganza…)
Pereza: Cuando eres comodón; Cuando no quieres hacer algunos trabajos que te cuestan, o los retrasas, o los dejas para otros; Cuando mandas o pides cosas que podrías hacer tu; Cuando te cuesta salir de la cama; Cuando eres incapaz de un esfuerzo o sacrificio (por ejemplo: levarte con agua fría); Cuando llegas tarde a todas partes; Cuando pierdas ratos de trabajo o trabajas con desgana y malhumor; Cuando dejas las cosas de cualquier manera; Cuando no procuras superarte en tu trabajo, negocios y profesión; Cuando no quieras molestarte por los demás, ni siquiera por los de casa.
Luchar por quitar los vicios y esforzarse por vivir las virtudes, es la mejor actitud del cristiano.
- Contra soberbia, humildad;
- Contra avaricia, generosidad;
- Contra lujuria, castidad
- Contra ira, paciencia;
- Contra gula, templanza;
- Contra envidia, caridad;
- Contra pereza, diligencia.
Es necesario vencernos y ordenar nuestra vida incluso en los más pequeños detalles, hasta poder decir como San Pablo: “Vivo yo, pero ya no vivo yo; es Cristo quien vive en mi” (Gal. 2,20). Solo los que toman esto en serio son cristianos. Los demás no. aunque ocupen los “primeros puestos”.