ORDEN SACERDOTAL

El Sacerdote es un hombre amado por Dios, llamado, consagrado, enviado, insustituible, diferente, destinado especialmente al servicio espiritual, hijo predilecto de María.

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El Sacerdote cuando es una buen pastor, un pastor según el corazón de Dios, entonces es el tesoro más grande que el Buen Dios puede conceder a una Parroquia y uno de los dones más preciosos de la Misericordia Divina.

El Sacerdote es un hombre elegido por Dios de entre el pueblo, que al recibir el Sacramento del Orden Sacerdotal se transforma en la persona de Jesucristo, ontológicamente, y le exige que con su vida, su conducta y su expresión cotidiana también lo sea moralmente. El Sacerdote es “Alther Christus” (“otro Cristo”).

Qué debo hacer si siento el llamado a la vida sacerdotal?

Lo primero es intensificar tu oración diaria, y meditar mucho delante de Dios, para preguntarle muchas veces si te está llamado a ser uno de sus “trabajadores” en Su Viña.

Si tienes confianza con tus papás, coméntalo con ellos, platícalo una y otra vez para que ellos te ayuden, no solo con sus consejos, sino también con la oración: “Señor, si llamas a uno de mis hijos para tu servicio, tómalo. Llévalo por donde Tu quieras y dale los medios adecuados para su formación sacerdotal, para que sea un fiel servidor de Tu Evangelio, y que ayude a muchos a vivir la vida cristiana, según Tu Voluntad”.

Acércate al sacerdote de tu Parroquia, comparte con él tus inquietudes, y pídele que te ayude, que le pida a Dios por ti, y te ponga en contacto con los sacerdotes del Seminario.

Trata de participar en los Encuentros Vocacionales y particularmente en el Per-Seminario, para seguir pensando y descubriendo si este es el llamado que Dios te hace para tu vida.

Es necesario haber terminado la Secundaria, de ser posible con un buen promedio de calificación y buena conducta.

Dile constantemente al Dios: “Señor, si me llamas a ser Tu sacerdote, quiero ser como Tú, tener Tus mismos sentimientos, aprender a vivir en la virtud con el ejemplo que Tú me dejaste. Enséñame a seguir Tus pasos, a pisar Tus huellas, andar Tus caminos. Ayúdame a dejarlo todo por Ti, como lo hicieron los primeros a quienes Tú llamaste. Dame Tu Gracia para ser un sacerdote, sencillo, humilde, trabajador, responsable, honrado, generoso, valiente y fiel. Si Tú lo quieres, puedes Señor, haz que yo también lo quiera y me disponga, para ser Tu servidor. Amén”