Para una buena Confesión

“La persona que sabe confesar la verdad de su culpa y pide perdón a Cristo, acrecienta la propia dignidad humana y da muestras de grandeza espiritual” (San Juan Pablo II)

Soberbia Cuando siempre quieres tener razón y decir la última palabra; Cuando no sabes escuchar y razonar y quieres imponerte; Cuando te “hinchas” porque algo te ha salido bien y hablan bien de ti; Cuando te frena el temor a quedar mal o a no ser estimado; Cuando te sienta mal una corrección o una advertencia o te pones a defenderte; Cuando te crees necesario en cualquier actividad; Cuando hablas mucho de ti mismo; Cuando interrumpes a los demás en la conversación; Cuando te cuesta manifestar tus pecados al confesor; Cuando te cuesta perdonar, o pedir perdón; Cuando eres vanidoso y deseas que te comenten y te aplaudan tus palabras  acciones, cualidades, tu buena presencia…; Cuando exageras o mientes para llamar la atención y hacerte interesante; Cuando no sabes aceptarte tal como Dios te ha hecho; Cuando busca honores y “puestos” Cuando te desanimas.

AVARICIA Cuando buscas para ti el mejor lugar, la ocupación más cómoda y dejas siempre lo peor para los demás; Cuando prefieres acaparar y enriquecerte, dejando improductivos tus bienes, que podrían convertirse en beneficios para otros; Cuando el dinero se convierte para ti en lo más importante de la vida y no tienes tiempo para nada más; Cuando el afán de poseer te hace faltar a la justicia, a la verdad, a la honradez, a la fidelidad a la palabra dada; Cuando “cierras tus entrañas” a las necesidades de los otros.

Lujuria Cuando dejas que en tu cabeza aniden los pensamientos y deseos impuros; Cuando apacientas tus sentidos en todas las cosas indecentes y obscenas que, con tanta facilidad, se te ofrecen en todas partes; Cuando no sabes frenar tu corazón y tus sentimientos desordenados; Cuando no sabes respetar tu cuerpo y el de los demás; Cuando te permites relaciones sexuales antes del matrimonio, o te pones en peligro de ello; Cuando no sabes dejar un libro o una revista pornográfica, un video, una película o una amistad que no te conviene.

Ira Cuando te dejas llevar del mal genio; Cuando pones mala cara; Cuando haces pagar a otros tu mal humor; Cuando alzas la voz para decir una cosa, advertir o corregir; Cuando chillas y pierdes el control de lo que dices; Cuando te impacientas; Cuando discutes, en vez de dialogar; Cuando injurias de palabra y de obra a los que te rodean.

Gula Cuando comes o bebes a deshoras o por gusto; Cuando no quieres una comida porque no te apetece; Cuando abusas de la comida y de la bebida, tomándola no conforme a la necesidad, si no al gusto; Cuando tomas para ti la mejor parte.

Envidia Cuando sientes envidia de las cualidades de otros; o de lo que tienen, o de lo que llevan, o de como les han salido las cosas, o porque los aprecian más que a ti; Cundo te duelen los éxitos de los demás o te alegras de sus fracasos; Cuando te entristece que hablen bien de otros; Cuando murmuras de los demás para quedar mejor que ellos; Cuando es la envidia de quien dirige tus actuaciones con los demás (competir en el vestido, celular, casa, vehículo…; o reacciones de venganza…).

Pereza Cuando eres comodón; Cuando no quieres hacer algunos trabajos que te cuestan, o los retrasas, o los dejas para otros; Cuando mandas o pides cosas que podrías hacer tu; Cuando te cuesta salir de la cama; Cuando eres incapaz de un esfuerzo o sacrificio (por ejemplo: levarte con agua fría); Cuando llegas tarde a todas partes; Cuando pierdas ratos de trabajo o trabajas con desgana y malhumor; Cuando dejas las cosas de cualquier manera; Cuando no procuras superarte en tu trabajo, negocios y profesión; Cuando no quieras molestarte por los demás, ni siquiera por los de casa.

Luchar por quitar los vicios y esforzarse por vivir las virtudes, es la mejor actitud del cristiano.     

 Contra soberbia, humildad;       

Contra avaricia, generosidad;

 Contra lujuria, castidad

Contra ira, paciencia;

Contra gula, templanza;

Contra envidia, caridad;

Contra pereza, diligencia.

Es necesario vencernos y ordenar nuestra vida incluso en los mas pequeños detalles, hasta poder decir como San Pablo: “Vivo yo, pero ya no vivo yo; es Cristo quien vive en mi” (Gal. 2,20). Solo los que toman esto en serio son cristianos. Los demás, no: aunque ocupen los “primeros puestos”.

Para una Buena confesión es necesario:

1.- Examen de conciencia

2.- Dolor de los pecados

3.- Confesión individual

4.- Absolución del Sacerdote

5.- Cumplir la Penitencia

No lo olvides nunca: ¡El Señor no se cansa de perdonar!